julio 16, 2009

Pasos por Urquiza*

Después de olvidar problemas en la costanera, vuelvo a paso lento por la avenida.
Tal como me lo proponía, no me apresuré ni para alcanzar los semáforos.
La tarde transcurrió cálida, límpida como se había presentado días atrás. En verdad deseaba un último respiro, lo necesitaba, era que mi pecho gritaba con palabra de auxilio al aire que le faltaba consumir.
Se veía el movimiento de las personas, cada vez más dispersas, como si las calles en la aparición de la noche se las tragara una a una. No dejo de pensar en la casualidad de que la persona que deseaba ver, justo me mandaba un mensaje, que la gran cadena telefónica se encargó de hacer llegar a mi celular que ahora chillaba en medio de tanto alboroto.

Quise seguir por el camino que siempre tomaba- y no por acortar distancias, porque era el más largo- sino por bienestar propio en no recordar esos traumas que nos quedan desde chicos y de no molestarnos en imaginar nuevamente.
Debo admitir que, esa calle pasó a ser más importante en mi vida, y que frecuentaban casi diariamente mis pasos, al enterarme que un posible amor tenía su casa sobre aquellas veredas rotosas. Pero como para equilibrar la situación emocional en la que me encontraba tomé calle Urquiza, que tiene aún al pasar los años ese aire a avenida porteña.
Siempre la evadía, me costaba pasar por allí, primero por los traumas que comenté antes, en segundo lugar por la oscuridad que tenían en su mayoría las cuadras que la bordeaban y tercero por el nerviosismo que se apropiaba de mí al ver pasar autos feroces en velocidades increíbles. A pesar de todo, tome coraje y emprendí el camino.
Ya desde un principio mi cuerpo no estaba predispuesto, pero me obligué a mi misma afrontar el reto de llegar a destino por la misma.
Nunca tuve un buen presentimiento al empezar a caminar por Urquiza, no podía evitarlo y mi miedo acrecentaba al llegar a las esquinas, donde sé y siempre vi los más inesperados accidentes, y miedos estudiantiles, juveniles, adultos y hasta jubilados.

En una de las primeras cuadras recorridas, pasé delante de una casa que tenía aire viejo, las que parecen estar embrujadas a primera vista, la que sabemos de ante mano que nos ocultan algo más que cosas valiosas o inservibles. Me atreví a tocar las piedras de la fachada sin detenerme, y quedaron aún en mis uñas esa sensación de lastimadura amagada, de rasposidad molesta.

Seguía dejando atrás calles y casas pintadas de noche y de nostalgia, hasta que comencé a cruzarme con esas pocas personas o ángeles noctámbulos, que me miraban fijamente y con desprecio.
Como es casual uno siempre se pregunta si tiene algo de malo en la cara, como ser mugre, o en la ropa, si se encuentra desalineado o si es una advertencia que alguien te sigue bien de cerca. Pero al comprobar que ninguna de todas esas posibilidades concordaba conmigo, pasó a ser en mí una preocupación... pensé ¿Estarán viendo lo que pienso?¿Existe la posibilidad que lo sepan?
Una gran incomodidad surgió desde la punta de mis pies, la gente me culpaba directamente con la mirada, casi abrían la boca para pronunciar lo que sus ojos hacían evidentes.
Me sentí mal, en pena, fui el peor pecado, la basura más apestosa del mundo... pero... si todavía no lo había echo...¡no importaba! No si así me miraban. Me sentí dentro de una jaula, donde miles de científicos estudian cada movimiento que uno realiza.

Quería escapar, correr, huir, pero ¿Dónde? Si ya estaba afuera. Así que apresuré mis pasos.Las cuadras eran cada vez más oscuras, la gente pasaba más seguido, resurgían de sus tumbas, sus cuevas y me rozaban, algunos me chocaban y no volteaban, pero lo más horrible era esa mirada punzante que nunca cesaba, nunca.
Mi paso aceleró al igual que mis sentidos, ya la tranquilidad me ablandó al pisar Urquiza, ya desaparecía.

Estaba en las rectas finales, tres cuadras más y en casa estaría a salvo. Pero ahora había llegado a la calle que me producía conmoción, miré en mano contraria a la que se dirigían los autos, justo en ése cruce sabía que podía desviarme y llegar a la puerta de la casa de aquel amor casi creído, pero no quería detenerme, sabía que sus ojos lo hacían, que me dejarían estática nuevamente y cometería los mismos errores. Entonces seguí, crucé la calle y traté de ignorar la presencia de aquellos policías que me miraban desde el banco mientras decidía cambiar el rumbo o no.
Una frenada aturdidora siento, el corazón casi me llegaba a la boca, un chico que se detiene pues la cadena de la bicicleta se soltó, quise inclinarme y dirigí la mirada como para ayudarlo, pero sorprendentemente fue la única persona que no me miró, no por lo menos a la cara.

La última cuadra al fin. Se acababa el trecho, ya cuando llegara a casa sabía que no debía correr hasta la cama, que no tendría que esconderme de mis pensamientos, que aquellos que conviven conmigo no saben de lo que pienso hacer, de la huída que debo concretar, de mi desesperación de abrazar lo que no tengo, de la posibilidad de encontrar lo que añoro...
Llegando a la última esquina, me empieza a faltar el aire, mi vista se nubla, no entiendo que me pasa, trato de agarrarme de una casa de tubos de gas, pero la suelto al recordar que fue mi escondite desde niña, sigo caminando, quiero correr pero las piernas no me responden, me tiemblan... hasta que se ablandan. Caigo. Me vuelvo estúpida, no hay nadie en la calle, los ruidos desaparecen y yo que me arrastro y la ropa se me engancha y me extraño de los que duermen día a día en esas baldosas y no lo entiendo, y tan solo faltan 10 pasos... llego a la puerta de mi casa, toco el frió mármol negro que me promete aún frescura desde el verano... no veo nada, todo es negro. Negro. Me duermo y mi cuerpo exánime.

Escucho el ruido del timbre y me despierto sobresaltada, salgo de la cama de un salto y con varios movimientos bruscos, escucho que mi abuela grita, mi hermano se sentó en la cama y llama a emergencias, pregunto que pasa y sólo me mira, me dirijo al living paso la puerta de cancel, y ahí me encuentro tirada en el suelo de la entrada, y mi cuerpo esta exánime, no respondo.


Fla* (pensado y escrito el 16/07 22:06 hs)

1 comentarios:

TERE dijo...

HOLA FLAHS,TUS ESCRITOS SON HERMOSOS Y ME LLEGAN AL ALMA,ME HACEN VIAJAR EN UN SUEÑO,PUEDO IMAGINAR MUCHAS COSAS,E INCLUSO,ME SIENTO IDENTIFICADA.TE ADORO COMO A MI HIJA.TERE