octubre 03, 2009

Crónicas desenfrenadas parte III

Todos tenemos alguien a quien extrañar, y a esto nadie me lo había hecho entender tan de cerca, a tan imponente verdad. Como un baldazo de agua fría en la cara... así fué entendido.
Casi diariamente paso por ésa esquina, la esquina de las despedidas ciegas, ciegas despedidas, que los ojos ven pero el alma no reconoce por estar empañada delágrimas retenidas. Hecho que la mente no puede detectar porque se encuentra nublada, enceguecidamente en silencio, total silencio.
Es así como recuerdo esa sensación de desesperación donde entre tanto dolor, parte expresado y otro poco contenido, tendemos a querer grabar todo lo que vemos y sentimos en ése momento.
Es lo peor de todo, cuando te das cuenta que se acerca la despedida y sos consciente que será el último beso con su gusto, aquel último abrazo con el aroma de su cuerpo... cuando respiramos hondo grabando ése aroma entre perfume y melancolía, a lágrimas secas de la noche anterior en su ropa.
El abrazo es lo peor dentro de tan malo contexto, donde nos cuesta soltarnos porque nos da miedo que nada se repita, donde precisamente dejamos todo a manos del destino a que él busque un reencuentro.
Lo apretamos, estrujamos, acariciamos con los brazos, lo olemos, respiramos, retenemos, soltamos. Mientras ya lo sufrimos nos reímos, aunque en realidad lloramos.
Damos el paso hacia atrás, ése que nos pega una patada final justo en el medio de los pulmonoes para que en la última palabra no seamos capaces de ver a los ojos; y nos damos vuelta tratando de pensar que todo está bien, y que es lo normal... por no salir corriendo detrás del colectivo, que sabemos, lo alejará de nosotros, de mi... de vos.

Al cabo de varios minutos y horas después del suceso, uno sigue atónito, y lamento informarles, que no cesará dicho sentir. A veces sigue latente con el pasar de las semanas, los meses o incluso los años.
Esperamos el reencuentro, naturalmente lo esperamos al igual que a una nueva despedida. Las cosas son así cuando se quiere a alquien que está lejos de nuestro cuerpo, las leyes son así. Simplemente es lo que pasa, y no se acepta tan fácil, no con desición o voluntad; es más, siempre encontramos un momento para cuestionarnos cosas incoherentes.
Mientras caminamos una noche fría, un día soleado, mientras cocinamos, corremos o dormimos preguntamos "¿Cuándo me dejará tranquila la distancia?¿Por qué no me deja respirar sin no pensarla y ser consciente que es´ta presente en mi vida, ahora, a cada paso?"

Como lo dije en un principio... todos tenemos a alguien a quien extrañar. Por ende, esperemos, felices o tristes, seamos masoquistas y desiemos una próxima despedida, porque significa que si existe, si la hay... soñaremos, sufriremos y viviremos esperando ése reencuentro que nos devolverá un destello en la mirada, la sonrisa y a esa persona.
Esperemos el reencuentro y una próxima despedida que llevará a otro reencuentro y otro y otro... mientras la vida, es un gran y largo sueño.





"Pensando en nuestra despedida en aquella esquina con olor a café" (09/09/09 - 22:26hs y 10/09/09- 08:31hs)

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