Cuando pensé que tantos años juntos se irían por la borda, me encaminé creyendo que no lo volvería a ver.
Al llegar al colegio paso por la administración, y con muchas frustraciones en mi cabeza, entre las cuales se encontraba nuestra discusión o ruptura, noto que mis compañeros se encuentran tirados sobre el pasillo norte de la galería sur.
Tomo con fuerza la caja que tiene una vasija, la cual creía me salvaría con los pretextos para no aprobar. Me inclino hacia María, ella se pone de pié. Trato de entablar una conversación y de prestar atención a la misma, pero no puedo evitar darme cuenta que él se encontraba ahí, a sólo tres pasos y no se inmutó.
Me vio pero siguió hablando con los demás como si no estuviera allí.
Con María la conversación no tenia hilo o fin, eran meros comentarios sueltos, variados y en vano. Mientras tanto ellos discutían de los roles del docente en el aula.
Tomé un impulso, acomodé la caja y seguí de largo, María decidió acompañarme mientras escuchaba los pretextos y verdaderas penurias de la semana, pero seguía en su mundo tal como yo.
Continuando con el caminar en busca de la profesora por la galería norte, pasillo norte, me reencuentro con Delfina, después de largas semana no verla. Ella iba dos años más adelante que el nuestro, aunque, por inconvenientes institucionales se atrasó.
Mis lamentos comenzaron nuevamente, para el pesar de María y quien advirtió que se iría a rendir, me saludó y se fue hacia la siguiente galería. Sin más los rumores y novedades de nuestras vidas comenzaron a surgir de manera más fluida con Delfina. Ahora teníamos algo más en común… ambas estábamos recientemente de novias y esto nos hacia confiar las dudas y medios de manera mutua y sin timidez. Pero muy pronto dejamos el tema de lado, puesto que se acercó Malena, la compañera de cursado de ella, que, no se encontraba dentro de mi categoría confiable. Le comenté la charla que habíamos tenido con él, tan poco agradable y que sacó a flote muchas cosas que no eran de mi conocimiento. Se supondría que dichas cosas me darían a entender el por qué de la ruptura reciente de nuestra relación o el incómodo alejamiento que vivimos los últimos meses; aunque, esto no fue así y trajo en mí más preguntas que respuestas.
No nos sentíamos demasiado cómodas hablando estáticamente así que decidimos continuar con mi búsqueda. Aula por aula, nos fuimos llenando de supuestas respuestas y posibles preguntas…pero no conseguimos descifrar las dudas que los hechos generaban.
Cansadas de no encontrar a nadie luego de dos vueltas por todo el colegio, nos paramos en frente de la sala de hornos, cuando María se acercó a decirme de vernos al finalizar los exámenes y detrás de ella, veo que se acerca él corriendo.
María se va y él llega. ¿Y qué dijo cuando me vio?... Nada, sólo sonrió con sus ojos brillantes, como que ocultaba algo gracioso en su boca.
Yo no supe reaccionar, no sabía que preguntar… no podía, no entendía. Horas atrás desangramos palabras, reproches, y perdones, basándonos en nada… en nada comprensible del todo, en algo fuera del alcance de mi entendimiento. Y ahora, ahí estaba él, volando en medio de una nube rosa, lleno de pétalos de rosas rojas, y aroma a fresias. En cambio yo, que seguía sin entender, sintiendo el terremoto en mi garganta de querer preguntarle qué era lo que en verdad había pasado…lo que vivimos y dónde se quedó o por qué se esfumó. Más allá de eso, no pude largar bocado, y sólo me limité a contestar sus preguntas habituales, y sus celos no admitidos, de mala gana expresados, en comentarios altaneros y prepotentes. Ya todos los presentes, que no eran muchos, tan sólo Delfina y Malena, se dieron cuenta por sus propias fuentes que, estábamos en lo cierto desde hace mucho tiempo, eran celos, celos de mi novio, puesto que todas las preguntas que me hacía las enfocaba directamente hacia él.
Traté de descubrir cuál era la gracia que le encontraba al encuentro, y me preguntaba si recodaría lo hablado la noche anterior, porque… no podía ser otra persona, las cosas que me nombraba era propio y sólo de nosotros.
Me despedí y cada uno seguiría en sus quehaceres, él rendiría en ésos minutos, una materia que luego, me comentó que no logró sacar, y por mi parte, hallar a la profesora para solucionar mi nota.
Finalizado el propósito, me retiré del colegio sin decir más.
Personalmente no lo volví a ver, y menos ahora que comienzan las vacaciones. En dos oportunidades intercambiamos algunas palabras por Internet, pero no hablando de cómo nos encontrábamos y qué haríamos, o no, con las materias y vacaciones. Como siempre, terminar hablando de mi relación amorosa y seguido de eso, un ¨chau¨ seco de él y cargado de recelos, o tristeza.
Ya a varias semanas de no tener noticias, sigo lamentando la ausencia de nuestra relación en mis días. Que tanto tiempo, tanta compatibilidad, diversión, confidencias y conversaciones, lamentos y miedos, compartidos a la par, paso a paso, hayan desaparecido.
¨Cambiamos¨, eso me dijo en la charla, cambiamos… pero no lo creo, o no quiero… o no sé, sólo espero, que esos días, vuelvan… que él vuelva.
21/12/09 15.30hs.
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