
Iba caminando sin detenerse en los innumerables detalles que invadían su entorno. Pudo recordar un pequeño retazo de aquellas baldosas desparejas, destruidas, pasadas calles atrás. Sintió por un momento, que un viento frío le rozaba la nuca, que dormía desnuda expuesta a tan fuerte correntada. De pronto... luz, lamento, oscuridad.
Tocó su frente con ambas manos y dejó escurrirlas hasta su mentón. Aquella mañana se le estaba haciendo difícil, ya su café no le robaría las ganas de escabullirse entre las sábanas, ni alguna que otra pastilla detendría su olvido. Entonces, un tanto malherido seguía su paso, respirando levemente, puesto que aquel otoño, atentaba en cada inhalación contra su pecho. Se comparó una vez más con aquellas baldosas... soportó a más no poder y terminó por quebrarse en mil pedacitos de cristal. Ahora se sentía como un pequeño cuadrado en medio de tan extensa trama.
Tal vez, había llevado las cosas al extremo, tal vez esa manía de ella en manipularlo, lo superó tanto que se olvidó de repetir ¨ perdón ¨. Ya no sólo era ése vacío insoportable, lleno de nada, de pasajes sin destino, sino que también sintió la culpa que a sí mismo negaba.
¨ Soy un estúpido ¨ se dijo- repitiéndolo una y otra vez- mientras cruzaba la calle.
Cayó en la cuenta que no recordaba las palabras que ella pronunciaba, que mientras oía su cálida voz, - tajante en tan tedioso silencio- imaginaba cosas incoherentes a su lado.
El trayecto se le hacía pesado, ya caminaba prácticamente derecho, y al darse cuenta que su cuello le suplicaba alivio, alzó la mirada y reconoció la estación de trenes. Nunca entendió porqué se subiría a ése viaje. Otra vez luz, perdón... oscuridad. Más que nadie conocía su desorientación, pero aún así, con unas pocas monedas en su mano izquierda sacó el boleto. Ya aquel hombre no era cuerpo, sino alma plena, que volaba entre lágrimas internas, mientras miraba correr aquellos paisajes tras la ventana. Luz.
Al sentir compañía en el asiento continuo, sin mucho esmero corrió el bolso hasta su falda. Oscuridad. Soltó un sentido suspiro, y fue en ése momento, en la primera inhalación donde sintió el perfume. Algo nervioso, regresó al cuerpo que abandonó en el comienzo del viaje, y ahora se hallaba tenso. Acomodó su garganta, y aún sin sacar la mirada de la ventana, se sentó de manera correcta, con la espalda bien erguida. ¿Podría ser? ¿Sería ella? Pero las palpitaciones y miedo eran muy fuertes como para descubrir la verdad. Analizó que tal vez imaginaba cosas ¿Estaría volviéndose loco? Pero no confiaba en que sus sentidos se entregaran por completo hacia lo que él deseaba ver.
Habrían pasado alrededor de dos horas, en las que aún no volteaba su rostro...luz. Se preguntaba porqué estaría tan callada, pero no retomaba el valor; hasta que observó, que el tren pararía en la próxima estación ¿Y si ella descendía y no volvía a sentir su perfume? Despertó, los ruidos de sus compañeros lo aturdían, hasta que...todo negro nuevamente. En el tren se volvió puro valor y giró. Ahí estaba, con ésa mirada triste y esa sonrisa enérgica que armonizaba su rostro. Dirigiéndose a él dijo - ¨ esperaba que me vieras, pero por un momento pensé que no querías estar conmigo¨. Él, sintió como regresaba la pena, junto con aquellas lágrimas evaporadas tras su ausencia, que ahora presentes le mojaban la cara una vez más. De repente focos de luz, pantallazos, un dolor punzante, el alivio y oscuridad. Ella lo miró sonriente, y entonces comprendió, que ya no sería uno, sino ambos los que vuelan tras el recuerdo de otros paisajes y otras baldosas. -Luz, alivio... paz- y ahora esas lágrimas que tatuaron sus mejillas una vez, pertenecían a otros.
Beso, ruido, luz, paz y finalmente oscuridad.
(Flavia Nieto. 21/04/09- 03:28 hs)
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